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14 noviembre, 2010
Opinión
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Ha vuelto a ganar, y no es la primera vez, esta vez también en la Fórmula 1. Entre tanto circo mediático, tanto dinero derrochado, tanto aire de glamour, hoy ha ganado el equipo en teoría menos fuerte.

Red bull partía en la carrera de hoy con el título de constructores en sus manos, pero faltaba ratificar quien era el piloto que se iba a llevar el campeonato. Vettel entraba tercero en las apuestas, por delante quedaban Fernando Alonso y Webber. Pero la carrera ha dado un vuelco a los apostantes y se ha confirmado que ante todo el dinero, presupuesto y prepotencia se antepone la humildad, el trabajo, la confianza y el respeto por el rival. Vettel ha ganado la carrera, Alonso a quedado séptimo y Webber ha entrado por detrás de este. Muchos pensarán, si claro, Vettel con 23 años, era el niño mimado de la Fórmula 1, como no iba a ganar?. Pues resulta que ha ganado, mimado o no ha demostrado que posee habilidades para estar ahi arriba.
Desde España, ya todos daban por hecho que Alonso iba a ganar muy sobrado este campeonato, porque había llegado a Ferrari y porque es un gran piloto. Pero Alonso también comete errores y muchas veces los comete cuando pierde. Lo peor de no ganar es no saber encajar la derrota, esto es más importante que todo lo demás, y Alonso ha llegado a decir cuando ha terminado: «He ganado dos Mundiales y no tengo que demostrar nada ahora». Puede llamarse prepotencia… Yo no lo sé, pero no creo que corra para demostrar y si lo hace, así le va.

Y es que últimamente se está confirmando que ser un gran “lo que sea” no es sólo ganar títulos y recibir honores, ser grande es una actitud. Puedes ganar miles de títulos pero realmente ganarás con miles de ovaciones. Ahora Vettel ha ganado un título, pero esto sólo ha sido una culminación a un trabajo hecho con humildad, con un equipo de los teóricamente pequeños y siempre respetando lo conseguido por los considerados “grandes”.

Vuelve a confirmarse el poder de lo intangible. Ser realmente humilde no sólo son palabras, es un modelo de vida. Es llegar desde abajo, siendo “nada” para los demás, respetando a los que se creen “grandes”, aprendiendo de ellos, intentando mejorarlos con nuevas actitudes, viendo posibilidades donde los demás ven errores, sin querer demostrar nada aunque realmente se demuestre más que nadie.

Victor Almonacid
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Creador y CEO de Drealm Marketing ONline
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