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12 diciembre, 2010
Opinión
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Domingo 12 de diciembre, uno de los mejores días para darse una vuelta por el centro de cualquier ciudad de España y acabar agobiado. No hay tienda que se resista a ser avasallada de gente desesperada por ver, probar y comprar, incluso sin ver ni probar, sólo comprar.

A unos días de la Navidad es momento de esto, recorrer tiendas y más tiendas buscando el regalo perfecto. Es lo que tiene vivir en estas fechas, se regala y se reciben regalos. Nosotros, los humanos, expresamos lo que sentimos mediante regalos. Pero es curioso el esquema mental por el que nos regimos cuando regalamos. Uno cuando regala se hace un esquema mental en el que posiciona a su gente por orden, siempre de menor a mayor valor de estima y cariño. La posición más alta la suelen ocupar familiares más próximos del tipo padre, madre y hermano, incluso abuelos, depende de la cercanía que tengamos con estos. La segunda posición es para amigos, tíos y primos más cercanos. Y en tercera posición entran los tíos y primos más lejanos, aquí pueden entrar también los “agregados de última hora”, estos son gente que conoces de hace relativamente poco, que seguramente no le regalarías nada si no fuera porque estas fechas lo requiere.

Nosotros somos así, hacemos nuestra valoración conforme a la cercanía y correspondiente estima de las personas a las que regalar. Solemos ocupar más de nuestro tiempo con las posiciones más altas, y menos con las posiciones más bajas. El dinero en teoría también va de la mano del tiempo que dedicamos. A veces hacemos de mentalistas para intentar averiguar cual es el puesto que ocupamos en la mente de los demás, para en consecuencia regalar de la misma forma que el regalo que vayamos a recibir. Esto también es muy de humanos, nos gusta adelantarnos y no caer en el error de regalar menos de lo que vayamos a recibir, por cortesía simplemente. Los más egoístas también hacen lo contrario, no intentan regalar más de lo que van a recibir. Una pena cuando se trata de «regalos» (no se espera nada a cambio).

Al fin y al cabo regalar es demostrar cariño o amor hacia la persona que recibe el regalo. Lo que no logramos entender y es algo que nos estresa por dentro es el porque en navidad se hace tan masivo y casi el 50% de los regalos los hacemos por obligación. Sabemos que perdemos el verdadero valor del regalo y aún así seguimos con la tradición de regalar y cada vez más agobiados y desesperados, intentamos encontrar algo para no quedar mal con la otra persona.
Otro tema es el agotamiento que produce. Buscar entre cada vez más variedad, más indecisión y más exigencia, todo esto culminado en que, al final, el regalo que das es el valor sentimental que das a esa persona, sin contar con el: esto ya lo tengo o.. esto lo puedo cambiar? después del tiempo dedicado no da los resultados esperados.

Pero al fin y al cabo todos acabamos comprando, no queremos quedarnos sin poder regalar, sin poder demostrar lo que sentimos, el regalo se convierte en la vía de comunicación porque nos cuesta demostrarlo con palabras o con hechos. Seguimos siendo personas que necesitan quererse y sentirse queridos por los demás. La navidad da esta oportunidad, nos sentimos cómodos regalando pero nos terminamos planteando si de verdad has regalado por que de verdad has querido o porque las fechas te han obligado. ¿Donde quedarían nuestras demostraciones de cariño y estima sin estas fechas en nuestras vidas? ¿Nos inventaríamos otras fechas para regalar y poder demostrar? Seguro que si.

Victor Almonacid
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Creador y CEO de Drealm Marketing ONline
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